La realidad de la escalada está cambiando día a día. La escalada ha adquirido una presencia mediática muy importante, cada vez hay más escaladores y cada vez se demandan más equipamientos. Existen muchas localidades de la geografía nacional, con problemas de retroceso demográfico y depresión económica, que están encontrando una forma de desarrollo basada en las posibilidades que les proporciona la práctica de la escalada y, es esperable, porqué no, que aumente el número de personas que puedan hacer de la escalada o la equipamiento una profesión y un medio de vida.

Son problemas que suscitan una gran preocupación en el colectivo que se encarga de llevar a cabo el equipamiento de este tipo de instalaciones, aunque esta preocupación se percibe también en las federaciones de montañismo y escalada, administraciones locales, órganos gestores de Espacios Naturales Protegidos y asociaciones de escaladores, propietarios de terrenos privados y el propio colectivo de escaladores.

Un primer problema es el que suscita la cuestión de la seguridad del propio elemento de anclaje. Los anclajes artificiales instalados permanecen en la roca por tiempo indefinido, sometidos a las inclemencias del tiempo y a un más que probable sobreuso del mismo.

Un segundo problema que inquieta al colectivo equipador es el deficiente estado en el que se encuentran muchas vías equipadas en los años 80 y 90. Son instalaciones antiguas y obsoletas, tanto por las características de los materiales como por la falta de conocimientos técnicos de la época, que nada tienen que ver con los nuevos materiales en lo referente a su durabilidad, resistencia y procedimiento de instalación.

Conviene apuntar, en este caso, que la normativa europea establece con claridad que la responsabilidad de los fabricantes sobre los productos no es ilimitada en el tiempo. Con este mismo argumento, tampoco sería razonable atribuir la responsabilidad sobre anclajes del siglo pasado a quienes los instalaron en aquel momento, y mucho menos esperar de ellos la seguridad que les es exigible a los instalados en el presente.

Un tercer problema, quizá el más grave, es la facilidad con la que cualquier persona puede adquirir estos elementos de seguridad, puede acercarse a una pared de roca y puede montar una vía – o un sector entero – sin consulta, sin estudio previo, sin permiso o sin que deba acreditar ningún conocimiento sobre este complejo procedimiento para poder hacerlo.

Sobre esta cuestión, desde diferentes colectivos de equipadores y algunas marcas de productos, se está trabajando en la formación de los instaladores y en la acreditación de este tipo de formación. Así mismo, se trabaja sobre el enfoque de que esta persona acreditada pueda llegar a realizar certificaciones de materiales y de procedimientos de instalación de anclajes artificiales en la escalada deportiva de carácter periódico, con la finalidad de que este tipo de anclajes sean seguros no solo cuando se instalan, sino también con el paso del tiempo.

A día de hoy, si te interesa formarte en equipamiento, tienes la posibilidad de hacerlo con formadores cualificados y materiales de primer nivel.

Estas acciones serían los pasos previos que permitirían ejercer un control efectivo sobre los nuevos equipamientos y los re-equipamientos que se llevan a cabo, a través de la exigencia de titulaciones – o certificaciones – para el desarrollo de esta actividad. Para dar este paso no basta con la participación del colectivo equipador. Es necesaria la implicación de los actores que, desde su prisma, observan el fenómeno de la instalación de anclajes en sus territorios, como son las administraciones locales, y de entes que, bajo su ámbito de influencia, favorezcan el desarrollo de esta actividad. En este sentido, las federaciones deportivas de montañismo y escalada, como entidades llamadas a fomentar el desarrollo del deporte, poseen una inestimable estructura organizativa que puede favorecer la coordinación de las acciones locales a nivel territorial.

Un cuarto problema es la cuestión del uso intensivo de determinadas vías populares, que causa un desgaste excesivo de los descuelgues de las reuniones que, por nuevas que sean y por bien instaladas que estén, deberán ser revisadas antes de lo previsto para este tipo de instalaciones, por los riesgos que conlleva la erosión del elemento de descuelgue o de la reunión debido a un sobreuso por parte del colectivo escalador, de la actividad de clubes y federaciones, o de la actividad de los profesionales y empresas de Turismo Activo.

El problema del mantenimiento de las vías de escalada deportiva en roca será, en un futuro próximo, uno de los grandes problemas operativos a los que se va a tener que enfrentar este deporte en aquellos lugares donde, por ejemplo, la densidad de usuarios supera con creces la capacidad de las vías.

Otro de los casos que más preocupaciones suscita es el estado del material empleado en entornos húmedos y salinos, y la idoneidad de los materiales empleados para este tipo de lugares. En lugares cercanos a costas marinas, o en climas tropicales, en los que se ha comprobado que se han estado usando materiales que han demostrado deficiencias graves que afectan a la longevidad y a la resistencia frente a estos ambientes, la cuestión de la supervisión y el mantenimiento periódicos de los anclajes instalados adquiere una importancia capital ya que, en estas circunstancias, se han encontrado anclajes que se han partido cuando se ha ejercido sobre ellos el peso de una sola persona.

Es evidente que la solución a este problema no pasa por dejar de equipar. Pero se hace necesario un planteamiento que trascienda a la iniciativa privada y que planifique el desarrollo de este tipo de espacios basándose en criterios sostenibles como el respeto por el medio ambiente, la seguridad de las personas y el desarrollo de las poblaciones en las que el equipamiento se va a llevar a cabo.

Si nos preguntáramos cuáles serían los puntos de vista más importantes para analizar el acto de una instalación, la respuesta que ofrecemos es que el equipamiento es observad0 bajo tres enfoques principales.

El primer enfoque es el deportivo. Es un enfoque compartido por el equipador con los usuarios de la vía, el colectivo de los escaladores. Los valores intrínsecos que posee el deporte de la escalada ejercen una influencia notable en este enfoque. Las actitudes tienen un peso considerable en las acciones de los escaladores y, sobre todo, en los propios equipadores.

Este enfoque se materializa en la creación de la propia vía de escalada, su grado, su estética, la distancia entre los anclajes, el gesto, las características de la propia roca, la instalación del anclaje. La vía es el exponente más claro de este enfoque. Lo importante es la vía.

En el siguiente gráfico de conjuntos se puede apreciar cuáles son los enfoques que comparten la visión del fenómeno del equipamiento.

El segundo enfoque es el medioambiental, y cobra valor cuando se ha instalado la vía. El medio en el que se instala sufre un impacto, originado tanto por la instalación de la propia vía en la pared, como por las consecuencias medioambientales que acarrea la presencia de muchas personas y elementos artificiales, en lugares donde antes no se conocía la presencia humana.

El tercer enfoque es el administrativo, entendido éste como la observación del fenómeno desde el punto de vista de quienes ya se encontraban en el lugar con anterioridad al nacimiento del fenómeno del equipamiento, de quienes ostentan la propiedad – y la responsabilidad – sobre los territorios en los que se instalan las vías de escalada.

La forma en que estos enfoques interaccionan entre sí depende de cuáles sean los intereses y las actitudes de quienes representan a los colectivos que cada uno de los enfoques tienen tras de sí.

Por este motivo, esta representación de los enfoques de la equipación pierde nitidez si se analiza con globalidad.

No es posible hacer un buen diagnóstico de un fenómeno de equipamiento si no se analiza desde el punto de vista LOCAL.

En consecuencia, quien promueva la equipamiento de vías de escalada deportiva debe ser consciente de que, irremediablemente, su actividad va a ser observada atentamente por enfoques ajenos al propio, el que hemos llamado deportivo, ya que, de ello va a depender el éxito de la promoción que se pretenda llevar a cabo.

Cualquiera que desee llevar a cabo una equipamiento sostenible, en el sentido de que sea una equipamiento que promueva el desarrollo y la práctica de la escalada deportiva a lo largo del tiempo, deberá emprender acciones encaminadas a integrar los equipamientos fijos en los planteamientos locales de los tres enfoques, a través de las acciones que se presentan en el siguiente gráfico.

Es evidente que el fenómeno de los equipamientos fijos no puede seguir siendo promovido como se ha hecho hasta ahora, porque el cambio en el modelo de práctica implica, consecuentemente, un cambio en el modelo de gestión. Se hace necesaria una armonización de criterios y procedimientos de instalación, y un plan de examen, supervisión y control de los equipamientos y los reequipamientos, así como una planificación del mantenimiento de los mismos que sea sostenible en términos económicos y según criterios de seguridad de las instalaciones.

Autor: Andoni Aguirre Igartua – Máster en Derecho de los Deportes de Montaña


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